sábado, 6 de febrero de 2010

Martes, 2 de febrero.

Hoy, me levanté de madrugada y escuché que se abría una puerta en mi nueva casa.
Me asusté al no ver a nadie; así que decidí volver a mi cuarto, aislarme y, con suerte, tendría tiempo de ponerme mi vestuario habitual y coger a Rosita.
Cuando estaba a punto de terminar de ponerme la capa, escuché que se encendía la tele. Cada vez estaba más nervioso y excitado.
Pude distinguir que estaba puesto “Dave el Bárbaro”. Debían ser las 4.
Poco a poco, fui acercándome al salón; atravesando el pasillo, conté unos veintisiete pasos. La puerta estaba abierta. La televisión seguía encendida, y no percibía nada más.
Esperé impaciente treinta segundos por si sucedía algo, pero no.
Finalmente, decidí entrar.
Vi todo en orden, exceptuando la televisión encendida. El sofá estaba de espaldas a mí, por lo que no podía apreciar quién podría estar en el.
Miré a ambos lados, y seguía sin ver a nadie. Comprobé que todo seguía en su sitio: La mochila encima de la mesa, las llaves en la mesita de la entrada (donde se encontraba la misma flor de la noche anterior, la que me regaló mi madre antes de marcharme de casa), las tres cajas con películas seguían estando en la esquina de la izquierda de la habitación y mis libros de Harry Potter sobre ellas.
Todo parecía andar bien, ¿pero que le pasaba a la casa?¿estaba encantada?
Tal vez halla algún espíritu merodeando por el salón y yo como si nada…
Me acerqué al sofá cuidadosamente. Me asomé…y… ¡CARÁMBA!
Era Bartholomew, mi gato :) HAHA, ¡el muy pillín se quería salir con la suya! Mira que le tengo dicho que más tarde de las 11 no puede ver la tele, que salen cosas que no debe ver, o no dormirá por los nervios.
Le apagué la tele y lo llevé a dormir a mi cama, ya que su cama debía estar mucho más fría.

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